Imaginería

01 | Egipcia

Los ojos del río no se cansan de mirar. Se enamoran de las matas de papiro que cortejan el cauce, un sfumato de pintor delicado, bufanda de angorina en el cuello del paisaje. Le impresiona el sudor de los marineros que transportan piedras más altas que ellos mismos mientras las cuerdas que acompañan la navegación desde tierra azotan la superficie. En su espejo refulge el sol que agosta la llanura. Tampoco cesa de imaginar tras el crepúsculo. El resplandor de las hogueras, sobre el lomo de su discurrir, convierte los asnos que pastan por la orilla en gigantescos animales mitológicos.

02 | Medieval

El temblor de la llama en el candil, azuzado por cualquier mínima corriente de aire, provoca que la realidad se tambalee. Se ondulan las paredes. Las líneas, antes rectas, pierden la cordura. La vasija con flores sobre la mesa levita proyectada en su sombra. La ley de la penumbra asimila cualquier locura. Un tiempo que, en brazos de la melancolía, encuentra el remedio que anhela. Las heridas se parecen al dorado de la lengua que parpadea en el quinqué cuando le falta el aceite. Es un estado de tenues murmullos, los sutiles gemidos del barro en las manos del alfarero.

03 | Mística

Las oraciones con las que se pide luz a lo sagrado tienen vocación nocturna. La ceguera lánguida en el brillo lunar, entre las cuentas de rumores apagados, bajo el destello oloroso del jazminero. El trenzado de palabras que es el rezo se realiza mejor sobre la melena de la noche, un dios más receptivo que los visibles. Lo oculto de sus mensajes en sillares recónditos de iglesias antiguas renace. Un nombre a veces, un signo indescifrable, un adagio esculpido con cincel poco diestro. En lo que no puede ser visto el bisbiseo de las plegarias despliega su condición de epifanía.

04 | Neoclásica

La misma sombra que sordamente desaparece en puertas y persianas descubre al mismo tiempo los rasgos de las figuras inertes. La desnudez de la ninfa desnuda, los ojos de piedra blanca del soldado, los pliegues académicos de su túnica. Con el mismo impudor íntimo con el que las personas acuden al espejo con los ojos por abrir, las estatuas delatan la impiedad del tiempo con el escultor que las talló. Su aspiración a un arte elevado que se quedó en adorno de jardín. La luz que borra las aspiraciones del manto nocturno revive día a día la escasez de talento.

05 | Expresionista

La vehemencia del foco que dispara su haz de intensidades en mitad de la noche enloquece los colores alcanzados, que de súbito desconocen cuál es su viveza serena, qué superficie les corresponde, dónde aplican los matices. Amontonados en el interior del círculo inflexible, se confunden y revuelven unos con otros, pierden atributos y ganan los que nunca les han correspondido. Los pigmentos, semblantes que el resplandor desorienta. Extraviado el gesto, una moneda mugrienta en los ojos, un vertedero por posesiones. Bajo el ardor lumínico, los colores derrotan el reposo de los adagios sobre la belleza que se repiten de memoria.

06 | Conceptual

La trashumancia de las nubes la pastorea el viento. Las briznas de hierba arrancadas por sus dientes blancos, trenes y autopistas las transportan hacia el centro de las ciudades, depósito de las deposiciones. Las ideologías ahí las recogen en sacos de arpillera y las secan al sol para que, en su día, el poder concentrado fertilice la floración electoral. Es el ciclo de la vida, aunque la vida solo se manifieste en forma de bacterias que descomponen las ideas. Un ejército diminuto que actúa incluso cuando el pastor, exhausto de montes y vaguadas, se queda dormido y, qué paradoja, ronca.

07 | Realista

Detrás de estas paredes escondidas entre paredes, de los muros, de las cercas, de la noche que envuelve al día, hay algo que no entra nunca en la realidad. En la realidad solo cabe lo que hay a este lado del ladrillo a la vista de lo acabado deprisa, del punzón que graba fechas en sillares enmohecidos, del latón hiriente en el cerrojo cerrado, de la niebla que expande la palmatoria encendida. Una vez constatado, la imaginación busca grietas, descubre fisurases, amplía sonidos, abre puertas que no existen para que lo inexistente cobre alguna corporeidad, siquiera, entre unas cuantas palabras.